La Señorita de Tacna- Mario Vargas Llosa

   
No es que esté “chorreando el mundo” –como dice la casi centenaria Mamaé–, sino que es ella la que está orinándose. ¿Qué historia de amor se puede crear a partir del recuerdo de una viejecita como ésa?    Su cerebro no coordina tales necesidades. La erosión que producen el paso del tiempo y los años de infelicidad no ha aplastado sin embargo la socarronería de esta anciana que se mete en la fantasía de Belisario, aspirante a escritor. Nieto de Carmen –prima de Mamaé, apodo de Elvira, la que quedó soltera por un desengaño amoroso–, el joven estudia para abogado, profesión que en realidad no le interesa, pero que su familia, de costumbres provincianas y en otro tiempo propietaria de tierras, supone que la sacará de la ruinosa situación económica en que se debate. Como aquella viejecita, Belisario tiene la cabeza “llena de grillos”, de ideas fantasiosas, de poesías. Es el alter ego de quien lo ha convertido en personaje: el escritor, ensayista y dramaturgo Mario Vargas Llosa. 
   Mamaé es Elvira, la bella y pudorosa muchacha que se enamoró de un oficial chileno en la Tacna ocupada durante la Guerra del Pacífico. En ese ambiente, Elvira encandila a poetas e incluso a negros que se arriesgan a colarse en fiestas de la burguesía. Su drama sentimental nace del anhelo de ser amada con dulzura en época de guerra y derrota, violencia y pobreza.   


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