2 de abril. Día del Veterano de Malvinas

En la madrugada del 2 de abril de 1982, tropas argentinas que integraban el Operativo Rosario recuperaron por la fuerza sus derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, Georgias, Sandwich e Islas del Atlántico Sur al tomar el control de Puerto Argentino (Puerto Stanley), capital del archipiélago.
Así comenzó la llamada "Guerra de Malvinas" que finalizó 74 días después, el 14 de junio -a las 16 hs.- cuando las tropas argentinas finalmente se rindieron.
La Guerra de Malvinas es una historia plagada de desventuras personales, errores políticos, ignorancia diplomática e improvisación militar.
Sin embargo, la sumatoria de errores y horrores no logran empañar la entrega, abnegación y valor de quienes entregaron con sacrificio sus vidas defendiendo la soberanía territorial argentina. Un reconocimiento al honor, que perdura por sobre las circunstancias y la temporalidad del hecho histórico.
La derrota en la Guerra de Malvinas aceleró la caída del gobierno militar y la recuperación de las instituciones democráticas.


Juan López y John Ward 
El sueño de Jorge Luis Borges 

Les tocó en suerte una época extraña. 
El planeta había sido parcelado en
distintos países, cada uno provisto de lealtades,
de queridas memorias, de un pasado 
sin duda heroico, de derechos, de agravios,
de una mitología peculiar, de próceres de
bronce, de aniversarios, de demagogos y de 
símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos,
auspiciaba las guerras. 

López había nacido en la ciudad junto al 
río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad
por la que caminó Father Brown.
Había estudiado castellano para leer 
el Quijote. 

El otro profesaba el amor de Conrad, que 
le había sido revelado en un aula 
de la calle Viamonte. 

Hubieran sido amigos, pero se vieron 
una sola vez cara a cara, en unas 
islas demasiado famosas, y cada 
uno de los dos fue Caín,
y cada uno, Abel. 

Los enterraron juntos. La nieve 
y la corrupción los conocen. 

El hecho que refiero pasó en 
un tiempo que no podemos entender. 

Jorge Luis Borges, 1985