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La enunciación política.




   El campo discursivo de lo político implica, enfrentamiento, relación con un enemigo, lucha entre enunciadores; se ha hablado en este sentido, de la dimensión polémica del discurso político, como lo afirma Verón.
  Estas características plantean problemas relativos a los mecanismos de enunciación en el discurso político, para estudiarlo más a fondo elaboramos el apunte que dejamos a continuación.





ª     La Enunciación política. Discurso político

1. Plano del enunciado: Entidades y Componentes
2. Estrategias discursivas
3. Relación del texto con la situación


    Es evidente que el campo discursivo de lo político implica, enfrentamiento, relación con un enemigo, lucha entre enunciadores; se ha hablado en este sentido, de la dimensión polémica del discurso político, como lo afirma Verón.
Estas características plantean problemas relativos a los mecanismos de enunciación en el discurso político.

Acto de Enunciación: designamos el acontecimiento singular que es la producción de un enunciado o sucesión de enunciados. Todo acto de enunciación política es una réplica y anticipa, supone una réplica.

Todo discurso político está habitado por un Otro negativo pero también construye un Otro positivo, aquél al que el discurso está dirigido Se trata de un desdoblamiento que se sitúa en la destinación. Podemos decir que el imaginario político supone no menos de dos destinatarios: uno negativo y otro positivo. El discurso político se dirige a ambos simultáneamente.
Tres destinatarios para un enunciador:
1) Prodestinatario: preceptor que participa de las mismas ideas, adhiere a los mismos valores y persigue los mismos objetivos que el enunciador. El lazo que los une es la creencia presupuesta. El destinatario positivo es el partidario. La relación entre ambos cobra la forma característica del colectivo de identificación, que se expresa a través del nosotros inclusivo. La función es la de refuerzo.
2) Contradestinatario: es el adversario, no comparte las mismas ideas. Está excluido del colectivo de identificación. El lazo que los une es la inversión de la creencia: lo que es verdadero para el enunciador es falso para el contradestinatario. Es el “contra”. El discurso del otro que habita el discurso político no es otra cosa que la presencia de la lectura destructiva que define la posición del adversario.
3) Paradestinatario: es el indeciso, sectores de la ciudadanía fuera del juego. El lazo que los une es la suspensión de la creencia. La función es la persuasión.

Prodestinatario creencia presupuesta refuerzo
Contradestinatario inversión creencia polémica
Paradestinatario suspensión de la creencia persuasión

En el análisis de un discurso político podemos individualizar estos destinatarios.
El contradestinatario no necesariamente debe ser una persona, pueden ser por ejemplo " las fuerzas oscuras", "esfuerzos totalitarios", "sectores de la reacción", etc.

1. Plano del enunciado: Entidades y Componentes
A continuación les presentamos:
ª       Primer nivel: Entidades del Imaginario Político
1) Colectivo de identificación: marcado por el “nosotros” en el plano enunciativo. Ej: nosotros los radicales, nosotros los comunistas. Marca la relación Enunciador- prodestinatario. Adquiere sentido negativo cuando se trata de un contradestinatario. Son entidades enumerables, admiten la cuantificación y la fragmentación (ej. Muchos socialistas piensan que...).
2) Colectivos más amplios: también enumerables. Son entidades más amplias, más abarcadoras que los colectivos y que el enunciador político coloca habitualmente en posición de recepción: ej. “ciudadanos”, “trabajadores”, “argentinos”. Están asociados al paradestinatario.
3) Meta-colectivos singulares: singulares porque no admiten la cuantificación ni la fragmentación. Son más abarcadores: por ej. País, estado, pueblo, república, nación, Argentina, mundo.
4) Formas nominalizadas: son operadores de interpretación. Funcionan como fórmulas de valor metafórico cuya función tiene valor de sustitución (síntesis) de la doctrina del locutor o posición política de valor positivo o negativo. Llegan a desgajarse del discurso político para convertirse en “slogans” publicitario durante campañas políticas (elecciones). Funcionan como fórmulas relativamente aisladas. (Ej “proyecto de país” de Vernet; “fuerzas oscuras” de Alfonsín)5) Formas nominales de poder explicativo: poseen un poder explicativo , son verdaderos operadores de interpretación. Generan comprensión inmediata, un efecto inmediato de inteligibilidad por parte del prodestinatario. Ej. Crisis, desocupación, tiempos difíciles, imperialismo.

ª       Segundo nivel: Componentes
Este nivel opera como articulación entre enunciado y la enunciación, puesto que los componentes definen las modalidades a través de las cuales el enunciador construye su red de relaciones con las entidades del imaginario.
1) Descriptivo: evalúa una situación. El enunciador ejercita la constatación: hace el balance de una situación, practica una lectura de historia del pasado y de la situación actual. Predominan los verbos en presente de indicativo. Esta lectura del pasado y del presente se articula por medio del fantasma del saber colectivo que reenvía al nosotros de identificación o a otro colectivo más amplio como la Patria o la nación o bien a través de la propia imagen del enunciador en tanto Líder, fuente de la coherencia y de la racionalidad de estas lecturas. Incluye modalizaciones apreciativas que articulan la descripción. (Evaluaciones). Modalidad del saber
2) Didáctico: El enunciador político no evalúa una situación sino que enuncia un principio general, no describe una coyuntura específica sino que formula una verdad universal, las marcas de la subjetividad son mucho menos frecuentes, los principios se enuncian en el plano intemporal de la verdad. Modalidad del saber.
3) Prescriptivo: entreteje lo que es del orden del deber, del orden de la necesidad deontológica. (Ciencia de los deberes y derechos). Tiene un carácter impersonal, el enunciador enuncia una regla, una sentencia, como un imperativo universal o al menos universalizable. Está orientada hacia el pro y el para. Modalidad del deber ser.
4) Programático: en este componente se manifiesta el peso de los fantasmas del futuro. Aquí el enunciador promete, anuncia, se compromete.. se caracteriza por el predominio de las formas verbales en infinitivo y futuro. El infinitivo puede ser reemplazado por nominalizaciones. Modalidad del orden del poder hacer

2. Estrategias discursivas
Enunciar una palabra política consiste entonces en situarse a sí mismo y en situar tres tipos de destinatarios diferentes.
Por medio de constataciones, explicaciones, prescripciones y promesas respecto del imaginario colectivo:
ª       por un lado respecto de los metacolectivos: entidades con las que el enunciador busca construir una relación;
ª       y con el colectivo de identificación: la entidad que funda la legitimidad de la toma de palabra. Las estrategias discursivas podrán ser diferentes en el campo político: la relación del Enunciador con los meta-colectivos singulares. la relación del Enunciador con su colectivo de identificación, las modalidades de construcción de los destinatarios, la articulación del Enunciador con su Ego en el contexto de cada componente y rol desempeñado por los tres tipos de destinatarios en el contexto de cada modalidad de articulación de los componentes entre sí y del peso relativo de cada uno.


3. Relación del texto con la situación
Entre las Consignas que han completado en las para trabajar los discursos políticos les pedimos una reconstrucción de la situación de enunciación o contexto. Este problema es sin duda, uno de los problemas más intrincados por las diferentes y encontradas posiciones de las distintas escuelas y teorías.
Este concepto ha servido tradicionalmente de puente para relacionar las estructuras del lenguaje con las estructuras sociales. Sociolingüística, etnometodología, etnography of speaking, incluso la llamada pragmática, han hecho notar la necesidad de tener en cuenta el contexto en que se sitúa la producción lingüística.
Si no se tomase en cuenta, las expresiones lingüísticas adolecerían de una necesaria ambigüedad, cuando no, a veces de incomprensibilidad. El discurso está siempre empotrado en un contexto más amplio, el propio término con-texto lo sugiere. Y ese quizás fue el sentido que quiso darle B. Malinowski cuando habló del contexto de la situación.
Para el antropólogo el lenguaje era no una "contracara del pensamiento" sino un modo de actividad como otras actividades socialmente cooperativas, producida y comprendida sólo dentro de un contexto dado de la situación. En un primer momento Malinowski pensó - mientras trataba de traducir en su trabajo sobre los trobiandeses la lengua kiriwinian- que la necesidad de contemplar la situación como contexto social necesario al texto en su entorno vital, era solamente requerida en el caso de que se estuviera estudiando un lenguaje primitivo. Posteriormente, no obstante, rectificó y extendió a cualquier lengua, la necesidad de tener presente el contexto de la situación.
A partir del contexto de situación Firth, (Papers in Lingüistics 1934-1951) colaborador de Malinowski y creador de la llamada escuela de Londres, propuso una teoría del sentido, precisamente vinculando los enunciados a su contexto de la situación. Para describir el contexto de situación que podría ser usado para el estudio de los textos, Firth propuso tener en cuenta los siguientes elementos:
1-      los participantes en la situación. En cierto modo equivalentes a los roles y estatus (sociológicos) y su actividad, esto es
2-      su acción verbal y su acción no verbal
3-      otras características relevantes de la situación, correspondiendo al analista establecer qué es relevante en un contexto determinado.
4-      Efectos de la acción verbal.


ª       Elementos textuales de la contextualización:
En un primer momento podemos diferenciar en el discurso los elementos:
diafóricos (intratextuales) , anafóricos y que situados dentro del texto reenvían a elementos anteriores o posteriores del mismo catafóricos - son los que constituirán la coherencia interna del texto, permitirán las existencia de isotopías y por lo tanto facilitarán su posterior lectura -, de los elementos llamados exofóricos, que estarían vinculados a la situación. Entre estos últimos consideramos los elementos indiciales.
Recordemos que los elementos indiciales requieren de información contextual para ser perfectamente comprensibles y carentes de ambigüedad.
Estas expresiones marcan la ubicación de los textos y de su significado en la ocasión, en la situación en que son enunciados.
Desde la lingüística, Benveniste, hablando de la subjetividad del lenguaje, considera a los indicadores de la deixis, demostrativos, adverbios, etc., como organizadores de las relaciones espaciales y temporales en torno al sujeto.     Y añade:" Estos (deícticos) tienen en común la propiedad de definirse sólo en relación a la situación del discurso donde son producidos". Establecen las referencias de persona, espacio y tiempo que ubican el texto en un contexto que a la vez construyen.
También desde la lingüística, Coseriu (Teoría del lenguaje y lingüística general, 1978) propone algunas perspectivas. Considera la situación como la "operación mediante la que los objetos denotados "se sitúan", es decir se vinculan con las "personas" implicadas en el discurso y se ordenan con respecto a las circunstancias espacio-temporales del discurso mismo". Afirma luego que "la situación es el espacio-tiempo del discurso, en cuanto creado por el discurso mismo y ordenado respecto a su sujeto". Agrega que el lenguaje no dice las condiciones contextuales, porque no es necesario que las diga, pero las utiliza y, por lo tanto, la expresión real las implica y las contiene.
            También para Umberto Eco, en Lector in fábula, la expresión (en el texto) posee un significado virtual que permite adivinar el contexto. El contexto no es un dato previo y exterior al discurso. Los participantes, a través de su interacción discursiva, definen o redefinen la situación, su propia relación, el marco en que se interpretan y adquieren sentido las expresiones


Actividad 1
 A continuación incluimos un discurso político para que puedan practicar todo lo aprendido hasta ahora con respecto a la Enunciación:

El siguiente es un mensaje que desde los balcones del cabildo dirigió el Sr Presidente de la Nación, Dr Raúl Alfonsín, al asumir el mando el 10-12-1983.

"Compatriotas: iniciamos todos hoy una etapa nueva en la Argentina. Iniciamos una etapa que, sin duda, será difícil, porque tenemos todos la enorme responsabilidad de asegurar hoy y para todos los tiempos, la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra argentina. Sabemos que son momentos duros y difíciles, pero no tenemos una sola duda: Vamos a arrancar los argentinos, vamos a salir adelante, vamos a hacer el país que nos merecemos y lo vamos a poder hacer no por obra y gracia de gobernantes iluminados sino por esto que esta plaza está cantando , porque el pueblo unido jamás será vencido. Una feliz circunstancia ha querido que en este día, en que los argentinos comenzamos esta etapa de cien años de libertad, paz y democracia, sea el día de los derechos humanos. Y queremos en consecuencia, comprometernos una vez más. Vamos a trabajar categórica y decisivamente por la dignidad del hombre, al que sabemos que hay que darle la libertad, pero también justicia, porque la defensa de los derechos humanos no se agota en la preservación de la vida sino, además también en el combate que estamos absolutamente decididos a librar contra la miseria y la pobreza de nuestra nación. Esto es un saludo nada más. No hubiera sido completa la fiesta de la democracia argentina, por lo menos para mí, si no hubiera contado con la posibilidad de volver a encontrarme con ustedes para ratificar ante ustedes, una vez más, que soy el servidor de todos, el más humilde de los argentinos, y comprometerme a trabajar junto con todos ustedes para concretar los objetivos que hemos pregonado por toda la extensión de la geografía argentina, y hacer así, entre todos, ciertos estos objetivos que los hombres que nos dieron la nacionalidad nos presentan como un mandato que sabemos ahora está al alcance de nuestras manos. Porque entre todos vamos a constituir la unión nacional, consolidar la paz interior, afianzar la justicia, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino."      


ª       Les recordamos las consignas:
Determinen la estrategia discursiva puesta en juego teniendo en cuenta los siguientes aspectos:
1-      Reconstruyan la situación de enunciación (es decir en qué contexto histórico-político tan especial se pronuncia este discurso. Tengan en cuenta que un discurso siempre debe ser contextualizado, ya ahondaremos sobre este tema.)
2-      Construyan las imágenes del locutor y del alocutario (deícticos, colectivos y otras caracterizaciones) especialmente la función de la primera persona del plural , si la hubiera.
3-      ¿Cómo construye el enunciador político su subjetividad, una imagen de sí mismo, es decir cómo se sitúa, con respecto a las entidades de imaginario? ( colectivos de identidicación, colectivos más amplios, formas nominalizadas, formas nominales de poder explicativo)
4-      Marquen las coordenadas espaciotemporales y la construcción del tiempo y del espacio del texto.
5-      ¿Cómo construye los destinatarios?
6-      ¿Cómo articula el Enunciador su enunciado con respecto a cada componente? (descriptivo, explicativo, prescriptivo y programático).
7-      Reconozcan el rol desempeñado por los destinatarios en el contexto de cada componente.
8-      Articulen los componentes entre sí y el peso de cada uno.


Actividad 2
Creo que después de haber hecho la práctica anterior con su correspondiente corrección y las consultas necesarias, encontrarán menos dificultades en realizar este Trabajo Práctico.


Discurso pronunciado por Salvador Allende en setiembre de 1973 ante el golpe militar de Pinochet.

Palacio de la Moneda. Santiago de Chile
“Yo no voy a renunciar. Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza. Podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores! estas son mis últimas palabras. Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano”.


La teoría de la Enunciación- Benveniste

   Conocer los discursos y los formatos textuales nos hará más eficientes a la hora de escuchar y hablar, leer y escribir dichos discursos.
   Las CIENCIAS DEL LENGUAJE han ido elaborando distintos marcos teóricos que nos ayudan a entender y sistematizar los hechos del lenguaje.


   Según el lingüista francés Émile Benveniste, el HABLA es la puesta en marcha del código.

   Benveniste es de la escuela de Ferdinand de Saussure, siguiendo sus pasos toma los conceptos básicos que Saussure plantea pero va más allá. Benveniste plantea que el Aparato formal de la enunciación  está compuesto por  un Enunciado, un Locutor y un Alocutario. Con estas tres palabras podemos relacionar diversos conceptos.


ª    La teoría de la Enunciación

1. Subjetividad en el lenguaje
2. Modalidades de la Enunciación
3. La Enunciación y los verbos
4. Historia y Discurso
5. La Enunciación y el Tiempo


Si volvemos sobre lo que hemos planteado como la teoría de Saussure en clases anteriores, podemos imaginar un triángulo en cada uno de cuyos vértices el lingüista practica una exclusión: el Habla, el Sujeto y el Referente. Es necesario remontarnos a Saussure para construir un concepto de Discurso sobre un cuestionamiento del Habla. El ejercicio de ésta no constituye una actividad puramente individual, caótica e incognoscible como la presentaba Saussure, sino que en la Lengua hay, además de elementos simbólicos, elementos indiciales (pragmáticas, subjetivos) cuyo rol es hacer posible el pasaje de la Lengua al Discurso. De a poco lo explicaremos mejor. Ya los Formalistas rusos, en el campo de la literatura, aplicaban el concepto de sistema a enunciados más largos, pero no lograron superar la inmanencia. En los años 50 Harris aplica el análisis lingüístico a enunciados más extensos y llega más allá del límite de la oración. En la misma época Roman Jakobson introduce las nociones de Habla/Mensaje y las de Emisor y Receptor (Sujeto) y Emile Benveniste realiza sus estudios sobre la Enunciación. Lingüista francés nacido en Alepo en 1902 y muerto en París en 1976. Es catedrático de Gramática Comparada en el Collège de France y se sitúa dentro de la corriente estructuralista. En sus obras se ocupa de gramática comparada indoeuropea y de temas de lingüística general. La obra que aquí estudiaremos se titula: Problemas de lingüística general, dos tomos, (1966-1974).

Entonces definimos:
ª       Discurso: como la lengua puesta en acción entre partes, la lengua asumida por el hombre que habla y en condiciones de intersubjetividad.

ª       Enunciación: como el decir y al Enunciado como lo dicho.

Podemos dar, basándonos en Benveniste, distintas definiciones de:
ª       Enunciación:
Acto mismo de producción de un Enunciado y no el texto del mismo.
Acto individual de utilización de la Lengua.
Acto por el cual un sujeto se apropia de la Lengua para convertirla en discurso.
Es un acontecimiento histórico: algo que no existía antes de que se hablara / escribiera y ahora adquiere existencia.
Es su existencia misma la que hace posible todo discurso
Es contemporánea del Enunciado.

ª       El Enunciado es:
Es una manifestación u ocurrencia particular de entidades lingüísticas.
Una serie efectivamente realizada.
Una totalidad cuyo valor semántico reside en el sentido. "nunca conocemos más que enunciaciones enunciadas" afirma Todorov.
Es el resultado de la Enunciación.


ª       Deixis: El proceso de Enunciación puede ser estudiado desde diferentes puntos de vista:
a) desde el acto material mismo: cadena fónica o gráfica que concierne a la producción del significante; la producción efectivamente empírica del enunciado, siempre diferente;
b) el mecanismo de esta producción: la Enunciación supone la conversión individual de la Lengua en discurso; cada sujeto utiliza la misma lengua en forma individual, particular y distinta;
c) instrumentos de realización: el Locutor se apropia del aparato formal de la lengua, la toma como instrumento y enuncia su posición mediante indicios específicos y procedimientos accesorios. Estos indicios específicos son el juego de formas específicas cuya función es poner al Locutor en relación constante y necesaria con su enunciación: es la deixis (sistema de referencias internas al discurso cuya clave es el yo). Los deícticos son signos indiciales, aunque también se les llama embragues o shifters.

 El carácter sistemático de la Lengua hace que la apropiación que señalamos realizan estos indicadores, se propague en la instancia del discurso a todos los elementos susceptibles de "acordarse" formalmente con ellos.
Es fundamental que distingan entre:
1) entidades que tienen en la Lengua un estatuto pleno y permanente (lengua como sistema de signos) y;
2) entidades emanadas de la Enunciación y que sólo existen en la red de "individuos" que la Enunciación crea y en relación al aquí y al ahora del Locutor (lenguaje asumido como ejercicio por el individuo).
                Los Pronombres personales y posesivos, las desinencias verbales, los adverbios de tiempo y de lugar, los pronombres demostrativos son una clase de individuos lingüísticos que remiten siempre a individuos, son producidos por el acontecimiento singular de la Enunciación y son engendrados cada vez que ésta es producida y cada vez designan de nuevo. Lo entenderemos enseguida.
La presencia del Locutor en su enunciación hace que cada instancia del discurso constituya un centro de referencias internas. Los Interlocutores son designados con índices de persona: pronombres personales y posesivos y escapan al estatuto de todos los demás signos del lenguaje.
El YO denota al individuo que pronuncia la enunciación; el TÚ denota al individuo que está presente como Alocutatio. Tanto el Yo como el Tú son signos vacíos, no referenciales por relación a la realidad y que se vuelven llenos cuando un Locutor los asume en cada instancia de discurso. El YO es una realidad de discurso: no remite a un concepto ni a un individuo, no puede ser definido más que en términos de locución; no puede ser identificado más que por la instancia del discurso que lo contenga y sólo por ella y no tiene otra referencia que la actual y momentánea. Es una instancia única por definición, válida sólo en su unicidad. No hay un concepto YO que englobe todos lo YO que se enuncian en todo instante en boca de todos los locutores. Cada vez que alguien dice YO, éste se llena de un significado diferente. Existe una definición simétrica para TU: es el individuo al que se dirige la alocución en la presente instancia del discurso que contiene la instancia lingüística TU.
Lo que caracteriza a la Enunciación es la acentuación de la relación discursiva al interlocutor (real / imaginado, individual / colectivo): se trata del cuadro figurativo de la Enunciación que asume la estructura del diálogo. No hay un Yo si no existe un Tú, ambos se constituyen mutuamente. Por ejemplo en el caso de monólogo, podemos decir que no existe; no es más que un diálogo interiorizado, un lenguaje interior entre un Yo que habla y un YO que escucha. La referencia constante y necesaria a la instancia del discurso constituye el rasgo que une el YO / / TÚ a una serie de indicadores participantes: adverbios, locuciones adverbiales. Son lo que Benveniste denomina índices de ostensión que delimitan la instancia temporal y espacial coextensiva y contemporánea de la presente instancia del discurso que contiene YO. Son términos que implican un gesto que designa el objeto al mismo tiempo que es pronunciado. Son también signos vacíos desprovistos de referencia material. Los adverbios de tiempo hoy, ayer, mañana, ahora, o dentro de tres días.
 La temporalidad es producida por la Enunciación; de ella procede la instauración de la categoría de presente. El tiempo presente es el tiempo en que se está, pero sólo se indica por el tiempo en que se habla. El presente es la fuente del tiempo, es eje axial de la Enunciación. El hombre no dispone de ningún otro medio de vivir el "ahora" más que realizarlo por inserción del discurso en el mundo. El tiempo lingüístico es sui referencial.
 El presente es inherente a la Enunciación. Los adverbios de lugar: aquí, allí, acá, allá; los pronombre demostrativos éste, ése y aquel y el sistema de coordenadas espaciales: detrás / delante, visible / invisible, izquierda / derecha, arriba / abajo: ordenan el espacio a partir de de un eje central y permiten ubicar el lugar del sujeto de enunciación.

Incluimos a continuación un fragmento de un texto de Les Luthiers en el que se da un juego muy ingenioso con los pronombres
Les Luthiers es un conjunto músico-actoral cuyos integrantes manejan un humor inteligente y creativo que a veces surge de hechos lingüísticos, de explotar las posibilidades de la lengua para crear situaciones risueñas y, al mismo tiempo, crítica. Para uno de sus sketches crearon “Fragmento de un drama” con indicación de actos y cuadros. Un noble recurre a un juglar para que le cante a su dama, María, su gran amor. El noble habla y el juglar repite cantando:


R: Por ser fuente de dulzura
J: Por ser fuente de dulzura
R: Por ser de rosas un ramo
J: Por ser de rosas un ramo
R: Por ser nido de ternura, oh María, yo te amo
J: Por ser nido de ternura, oh María, yo te amo
(breves palabras del Rey al Juglar, en voz baja)
J: Oh María, él la ama.
R: Ámame como yo te amo a ti,
J: Ámelo como él la ama a Usted,
R: Y los demás envidiaran nuestro amor,
J: Mmm... todos nosotros envidiaremos el amor de ustedes
R: Oh mi amor, María mía,
J: Oh su amor, María suya,
R: Mi brillante, mi rubí
J: Su brillante surubí,
R: Mi canción, mi poesía, nunca te olvides de mí,
J: Su canción, su poesía, nunca se olvide de su
R: Tú estas encima de todas las cosas, mi vida
J: Usted esta encima de todas las cosas subida
R: Eres mi sana alegría,
J: Usted es Susana, eh, María, alegría
R: Mi amor,
J: Su amor,
R: Mi tesoro
J: Su tesoro,
R: Mímame
J: Súmame ... Súmelo
R: Tanto tú te me metes en lo mas hondo de mí
J: Tanto Usted...
R: que ya no sé si soy de mí o si soy de ti
J: Tanto Usted...
R: Si tú me amaras a mí amarías en mí aquello que amamos nosotros
J: Tanto Usted....
R: y envidiáis vosotros y ellos...
J: .... ¡Ámelo!
R: Cuando miras con desdén,
J: Cuando mira con desdén,
R: Pareces fría, sujeta,
J: Parece fría, su... , su cara,
R: Por ser tan grandes tus dones, no caben en mí, mi bien,
J: Por ser tan grandes sus dones, no caben en su sutién
R: ¡No! ¡No!
J: ¡No! ¡No!
R: Tunante,
J: Sunante,
R: Miserable,
J: Suserable,
R: ¡Guardias, a mí!
J: ¡Guardias, a él!

(Los guardias se llevan al Rey entre medio de sus protestas)



1. Subjetividad en el lenguaje
Es en y por el lenguaje como el hombre se constituye como sujeto, porque el lenguaje funda el concepto de ego La subjetividad consiste en la capacidad del Locutor de plantearse como sujeto. Es "ego" quien dice ego.
 Para Benveniste no somos sujetos (en el sentido de conciencia, yo o espíritu) que hablamos sino que somos sujetos porque hablamos. El sujeto se define no por el sentimiento que cada uno experimenta de ser él mismo, sino como la unidad psíquica que trasciende la totalidad de las experiencias vividas que reúne, y que asegura la permanencia de la conciencia.
Encontramos aquí el fundamento de la subjetividad que se determina por el estatus lingüístico de la "persona”. Es la condición de diálogo ya mencionada la que es constitutiva de la persona, pues implica en reciprocidad que me torne Tú en la alocución frente a Yo. Polaridad de las personas que es la condición fundamental del lenguaje, y que no significa igualdad ni simetría: ego siempre tiene una posición de trascendencia frente a Tú, pero ninguno de los dos términos es concebible sin el otro. Son complementarios y reversibles. Realidad dialéctica que engloba los dos términos y los define por relación mutua: allí se descubre el fundamento lingüístico de la subjetividad. Siguiendo el texto, podemos proporcionar un ejemplo: en ninguna Lengua faltan los pronombres personales. No se concibe una Lengua sin expresión de la persona. Puede ser que se omitan deliberadamente, como ocurre en las sociedades del Extremo Oriente donde una convención de cortesía impone perífrasis para reemplazar referencias personales directas. Pero estos usos sólo subrayan el valor de las formas evitadas.
El ejercicio de la subjetividad está en el ejercicio de la lengua. No hay otro testimonio de la identidad del sujeto que el que así da él mismo de sí mismo. Los pronombres personales son el primer punto de apoyo para que la subjetividad salga a la luz.
 El él: es la tercera persona , forma que no remite a "persona", por estar referida a un objeto situado fuera de la alocución Yo / Tú.. Existe sólo por la oposición a la persona Yo del Locutor, quien, enunciándola, la sitúa como la "no persona". Tal es su estatuto. Es el miembro no marcado de la correlación de persona.; no es jamás reflexiva a la instancia del discurso y no es compatible con el paradigma de los términos referenciales: aquí y ahora. Necesita recibir un contenido referencial preciso; necesita determinaciones cotextuales de las cuales puede prescindir el Yo / Tú.
Como ya dijimos anteriormente el Yo es un pronombre que denota virtualmente a todos los individuos, pero su referente cambia en cada una de las instancias enunciativas. En eso se diferencia del nombre propio que denota en la Lengua y en discurso a un solo y mismo individuo.
También podemos encontrar en el lugar de la Enunciación a la primera persona plural: nosotros, que incluye al Yo + noYo. Se puede tratar de un nosotros inclusivo: Yo + Tú , o de un nosotros exclusivo: Yo + él. También puede existir un Yo+ Tú + él. La referencia está determinada por el contexto. Podemos encontrar un Yo mayestático: de "modestia", el que emplea el sujeto de enunciación en algunas conferencias: "Nosotros pensamos....", aunque el que está hablando sea uno solo.

2. Modalidades de la Enunciación:
 Las Modalidades constituyen la marca dada por el sujeto a su enunciado.
Encontramos dos clases de Modalidades: de la Enunciación y del Enunciado.
1) de la Enunciación: son las que especifican el tipo de comunicación entre hablante y oyente. Señalan la relación que el sujeto mantiene con su interlocutor.
Estas modalidades contribuyen a construir una teoría de las relaciones inter-humanas, porque muchas se basan en un tipo particular de relación social. Podemos preguntarnos quién en la escala jerárquica tiene derecho a ordenar o a interrogar a otro.
Están constituidas por oraciones:
a) Asertivas (declarativas) positivas o negativas: apuntan a comunicar una certidumbre.
b) Interrogativas
c) Exclamativas
d) Intimativas: expresan órdenes o prohibiciones (uso de imperativo o infinitivo).
e) Desiderativas: expresan deseo, ojalá....
2) del Enunciado: caracterizan la manera en que el hablante sitúa al Enunciado; su actitud con respecto a lo que enuncia. Todo aquello que en un texto indique el tipo de comunicación con respecto a la relación entre Enunciador y su Enunciado. Podemos distinguir dos clases:
a) modalidades lógicas: expresan verdad, falsedad, probabilidad, certidumbre, verosimilitud, obligación, necesidad. Ejemplos. Es cierto que, es seguro que, quizás, es posible, es probable, es necesario que, es preciso que, se sabe, se dice,....
b) modalidades apreciativas: expresan una valoración, una reacción emocional: lo feliz, lo útil, lo triste, etc. También los adverbios terminados en "mente": felizmente, seguramente. Ejemplo: me di un buen baño; ese buen baño es absolutamente subjetivo, para unos puede ser caliente, para otros frío, largo, corto, de inmersión o de ducha. El calificativo "buen" tiene vigencia para el sujeto de la enunciación y es una modalidad apreciativa.


3. La Enunciación y los verbos
Aparte de los verbos que describen una acción (yo como, él come) podemos mencionarles:
1) Verbos de actitud: relacionado con las modalidades lógicas: Ej: creo que, deduzco que.
2) Verbos de modalidad apreciativa: expresan valoración hecha por el emisor, por ej. dejáte de rebuznar, entró ladrando.
3) Verbos performativos: Son verbos de palabra que denotan por su sentido un acto individual de alcance social. La Enunciación se identifica con el acto mismo. Esto no es dado por el sentido del verbo sino por la subjetividad que la hace posible. Si yo digo: él jura: se trata de una descripción de una acción, un acto constatativo, en cambio si digo: yo juro: al decir "yo" me fundo, me planto como sujeto y al decir "juro" asumo el acto de jurar; se trata de acto que me compromete socialmente. Al mismo tiempo que lo digo asumo el compromiso, son actos simultáneos. La consecuencia social, personal y jurídica de mi acto arranca de la instancia del discurso que contiene la acción. Se dan siempre en 1era persona y en el presente generalmente. Podemos mencionar otros verbos performativos aparte de jurar: comprometerse a (conseguir), obligarse, advertir, prometer, agradecer, garantizar, declarar, certificar, proferir, maldecir, solidarizarse.
4) Verbos de movimiento: poseen una localización espacial asimilable a los deícticos; señalan el lugar de la enunciación y los movimientos de aproximación o alejamiento de la esfera del hablante. Ejemplos. Verbo "venir": Juan viene a mi casa (señala el lugar de enunciación, andar o moverse hacia el lugar donde está el que habla) Verbo: "ir" : Yo voy a tu casa , Juan va a Buenos Aires o viene de Buenos Aires; verbos traer o llevar, funcionan de la misma manera, indican el transporte hacia o desde el sitio en el cual está el que habla.
5) Verbos de decir: a) verbos en los el Emisor no prejuzga: Ej. decir, afirmar; verbos en los que el Emisor toma posición: Ej. pretender, confesar, reconocer. Juan pretendió que Pedro tiene razón; d) verbos de juzgar: criticar, acusar, Ej: Juan critica a Pedro por lo que hizo (admite que Pedro es responsable por haberlo hecho) .

4. Historia y Discurso
Podemos mencionarles dos sistemas de Enunciación:
ª       Historia: en este sistema se presentan una serie de acontecimientos reales o ficticios por medio del lenguaje, sobre todo escrito. Se da un empleo exclusivo de la 3era persona y los tiempos verbales empleados son el imperfecto, el indefinido y el pluscuamperfecto. Se caracteriza por la objetividad, parecería que nadie habla, que los acontecimientos se narran a sí mismos, no hay deícticos. Nadie habla. No tenemos que preguntarnos quién habla, qué, cuándo, para percibir su significación

ª       Discurso: en este sistema la lengua es asumida por el hombre que habla, es el lugar de construcción de un sujeto. Se enuncia en 1era persona y por lo tanto, del otro lado se construye el tú. Se emplean deícticos: indicadores pronominales, demostrativos y adverbios. Los tiempos verbales empleados son el presente, el pretérito perfecto y el futuro. Se caracteriza por la subjetividad, el uso de Yo y el tiempo presente. Por contraposición al sistema anterior siempre existe alguien que habla y su situación en el acto mismo de hablar es el foco de significaciones más importante.

No se encuentran en estado puro en ningún texto y podemos encontrar continuas conversiones de un sistema a otro. Por ejemplo en un relato tipo historia puede haber intervenciones discursivas dentro de él; en una narración en 1era persona puede momentáneamente incluir un relato tipo historia (descripción, narración) en la que el sujeto de enunciación desaparece.

5. La Enunciación y el Tiempo
Ahora sí podemos distinguir 3 clases diferentes de tiempo:
1-       Físico: es un continuo uniforme, infinito, lineal, segmentable a voluntad. Tiene una duración variable que el hombre mide por su vida interior o por sus emociones.
2-        Crónico: es el tiempo de los acontecimientos que engloba nuestra vida como sucesión de aconteceres. Es la continuidad donde se disponen en serie los acontecimientos; éstos están en el tiempo. Es bidireccional: se puede recorrerlo en dos direcciones: desde pasado hacia el presente y viceversa. Es el tiempo del calendario, tiempo socializado: día / noche, trayecto visible del sol, fases de la luna, movimiento de las mareas, estaciones, etc. En este tiempo se dan tres condiciones:
a) estativa: se mide a partir de un momento axial: nacimiento de Cristo, el advenimiento de un soberano.
b) directiva: se enuncia mediante términos opuestos: antes / después del eje de referencia.
c) mensurativa: mide los intervalos de tiempo, son unidades de medida: día, mes, año, hora, minuto. Estos puntos de referencia dan la posición de los acontecimientos y definen nuestra situación con respecto a dichos acontecimientos. Nos dicen dónde estamos, cuál es nuestro lugar. Las categorías de tiempo están vacías de temporalidad, se asimilan a los números. El calendario es exterior al tiempo, nada dice del tiempo sino por aquel que vive en el tiempo.
3-       Lingüístico: es por la lengua como se manifiesta la experiencia humana del tiempo., es decir que está ligado al ejercicio de la palabra.. Es irreductible al tiempo crónico y al físico. El presente es el eje axial , el eje de referencia, de la instancia de la palabra, se reinventa cada vez que el sujeto habla porque es un momento nuevo, no vivido aún. A partir del presente podemos movernos hacia el pasado o hacia el futuro. El presente es factor de intersubjetividad: funciona tanto para el yo como para el tú, es omnipersonal

Con este apunte terminamos una aproximación teórica al tema de Enunciación tal como la enfoca E. Benveniste en sus artículos teóricos.
Con las Actividades propuestas tendrán la oportunidad de llevarla a la práctica y concretar un análisis en el que esta teoría cobre sentido.

ª       Actividad 1
Practicar el reconocimiento de deícticos y modalidades en la siguiente carta:

México 17-3-84
Me acordé tanto de ti, de tu amistad y cariño, me sentí sola y lloré porque ya no estás, no me explico, pero hay un vacío tan grande como tú. Sin saberlo, siempre me sentí apoyada porque existías y podía escribirte o hablarte y tú estabas ahí, dispuesto a darme la mano y animarme. Ahora que no estás, Julio, no tengo otro amigo como tú y me siento sola, sé que seguiré adelante pero con algo que falta dentro de mí. Con Claribel, el día siguiente que moriste, decíamos que las dos seguiríamos adelante por ti, creo que sí, lo que tengo que pensar es que en cualquier momento te encontraré y tendré que contarte lo que he hecho y entonces tú me dirás: muy bien chilenita.
Carmen Waugh
(Esta carta apareció a los pocos días de la muerte de Cortázar, recordemos que este año se cumplen veinte años de su muerte acaecida en febrero de 1984).

ª       Actividad 2
Marcar en El cautivo de Jorge Luis Borges cuando se da la enunciación histórica y cuando la enunciación discursiva.

ª       Actividad 3
Responder a partir de la lectura de Borges y yo, de Jorge Luis Borges el siguiente cuestionario:
1) ¿A través de qué marcas lingüísticas se instaura el sujeto en el discurso?
2) ¿Cómo se confrontan el yo y él?
3) ¿Cómo se construye la subjetividad?
4) Modalidades de la Enunciación y del Enunciado

Roland Barthes - Retórica de la imagen


Roland Barthes - Retórica de la imagen


    Según una etimología antigua, la palabra imagen debería relacionarse con la raíz de imitari. Henos aquí de inmediato frente al problema más grave que pueda plantearse a la semiología de las imágenes: ¿puede acaso la representación analógica (la) producir verdaderos sistemas de signos y no sólo simples aglutinaciones de símbolos? ¿Puede concebirse un analógico, y no meramente digital? Sabemos que los lingüísticos consideran ajena al lenguaje toda comunicación por analogía, desde el de las abejas hasta el por gestos, puestos que esas comunicaciones no poseen una doble articulación, es decir, que no se basan como los fonemas, en una combinación de unidades digitales. Los lingüistas no son los únicos en poner en duda la naturaleza lingüista de la imagen. En cierta medida, también la opinión corriente considera a la imagen como un lugar de resistencia al sentido, en nombre de una cierta idea mítica de la Vida: la imagen es representación, es decir, en definitiva, resurrección, y dentro de esta concepción, lo inteligible resulta antipático a lo vivido. De este modo, por ambos lados se siente a la analogía como un sentido pobre: para unos, la imagen es un sistema muy rudimentario con respecto a la lengua, y para otros, la significación no puede agotar la riqueza inefable de la imagen.

Ahora bien, aún cuando la imagen sea hasta cierto punto límite de sentido (y sobre todo por ello), ella nos permite volver a una verdadera ontología de la significación. ¿De qué modo la imagen adquiere sentido? ¿Dónde termina el sentido? y si termina, ¿qué hay más allá? Tal lo que quisiéramos plantear aquí, sometiendo la imagen a un análisis espectral de los mensajes que pueda contener. Nos daremos al principio una facilidad considerable: no estudiaremos más que la imagen publicitaria. ¿Por qué? Porque en publicidad la significación de la imagen es sin duda intencional: lo que configura a priori los significados del mensaje publicitario son ciertos atributos del producto, y estos significados deben ser transmitidos con la mayor claridad posible; si la imagen contiene signos, estamos pues seguros que en publicidad esos signos están llenos, formados con vistas a la mejor lectura posible: la imagen publicitaria es franca, o, al menos, enfática.


Los tres mensajes

He aquí una propaganda Panzani: saliendo de una red entreabierta, paquetes de fideos, una caja de conservas, un sachet, tomates, cebollas, ajíes, un hongo, en tonalidades amarillas y verdes fondo rojo. [1] Tratemos de esperar los diferentes mensajes que puede contener.

La imagen entrega de inmediato un primer mensaje cuya sustancia es lingüística; sus soportes son la leyenda, marginal, y las etiquetas insertadas en la naturalidad de la escena, como en ; el código del cual está tomado este mensaje no es otro que el de la lengua francesa; para ser descifrado no exige más conocimientos que el de la escritura y del francés. Pero en realidad, este mismo mensaje puede a su vez descomponerse, pues el signo Panzani no transmite solamente el nombre de la firma, sino también, por su asonancia, un significado suplementario, que es, si se quiere, la ; el mensaje lingüístico es por lo tanto doble (al menos en esta imagen); de denotación y de connotación; sin embargo, como no hay aquí más que un solo signo típico [2] , a saber, el del lenguaje articulado (escrito), no contaremos más que un solo mensaje.

Si hacemos a un lado el mensaje lingüístico, que da la imagen pura (aún cuando las etiquetas forman parte de ella, a título anecdótico). Esta imagen revela de inmediato una serie de signos discontinuos. He aquí, en primer término el orden es indiferente pues estos signos no son lineales) la idea de que se trata, en la escena representada, del regreso del mercado. Este significado implica a su vez dos valores eufóricos: el de la frescura de los productos y el de la preparación puramente casera a que están destinados. Su significante es la red entreabierta que deja escapar, como al descuido, las provisiones sobre la mesa. Para leer este primer signo es suficiente un saber que de algún modo está implantado en los usos de una civilización muy vasta, en la cual se opone al aprovisionamiento expeditivo (conservas, heladeras, eléctricas) de una civilización más. Hay un segundo signo casi tan evidente como el anterior; su significante es la reunión del tomate, del ají y de la tonalidad tricolor (amarillo, verde, rojo) del afiche. Su significado es Italia, o más bien la italianidad; este signo está en una relación de redundancia con el signo connotado del mensaje lingüístico (la asonancia italiana del nombre Panzani). El saber movilizado por ese signo es ya más particular: es un saber específicamente (los italianos no podrían percibir la connotación del nombre propio, ni probablemente tampoco la italianidad del tomate y del ají), fundado en un conocimiento de ciertos estereotipos turísticos. Si se sigue explorando la imagen (lo que no quiere decir que no sea completamente clara de entrada), se descubren sin dificultad por lo menos otros dos signos. En uno, el conglomerado de diferentes objetos transmite la idea de un servicio culinario total, como si por una parte Panzani proveyese de todo lo necesario para la preparación de un plato compuesto, y como si por otra, la salsa de tomate de la lata igualase los productos naturales que la rodean, ya que en cierto modo la escena hace de puente entre el origen de los productos y su estado último. En el otro signo, la composición, que evoca el recuerdo de tantas representaciones pictóricas de alimentos, remite a un significado estético: es la , o, como mejor lo expresan otras lenguas, el. [3] El saber necesario es en este caso fuertemente cultural. Podría sugerirse que a estos cuatro signos se agrega una última información: la que nos dice, precisamente, que se trata de una imagen publicitaria, y que proviene, al mismo tiempo, del lugar de la imagen en la revista y de la insistencia de las etiquetas Panzani (sin hablar de la leyenda). Pero esta última información es extensiva a la escena; en la medida en que la naturaleza publicitaria de la imagen es puramente funcional, escapa de algún modo a la significación: proferir algo no quiere decir necesariamente yo hablo, salvo en los sistemas deliberadamente reflexivos como la literatura.

He aquí, pues, para esta imagen, cuatros signos que consideraremos como formando un conjunto coherente, pues todos son discontinuos, exigen un saber generalmente cultural y remiten a significados globales (por ejemplo la italianidad), penetrados de valores eufóricos. Advertiremos pues, después del mensaje lingüístico, un segundo mensaje de naturaleza icónica. quivalencia (propia de los verdaderos sistemas de signos) y posición de una cuasi-identidad. En otras palabras, el signo de este mensaje no proviene de un depósito institucional, no está codificado, y nos encontramos así frente a la paradoja (que examinaremos más adelante) de un mensaje sin código. [4]

Si nuestra lectura es correcta, la fotografía analizada nos propone entonces tres mensajes: un mensaje lingüístico, un mensaje icónico codificado y un mensaje icónico no codificado. El mensaje lingüístico puede separarse fácilmente de los otros dos; pero ¿hasta qué punto tenemos derecho de distinguir uno de otro los dos mensajes que poseen la misma sustancia (icónica)? Es cierto que la distinción de los dos mensajes no se opera espontáneamente a nivel de la lectura corriente: el espectador de la imagen recibe al mismo tiempo el mensaje perceptivo y el mensaje cultural, y veremos más adelante que esta confusión de lectura corresponde a la función de la imagen de masa (de la cual nos ocupamos aquí). La distinción tiene, sin embargo, una validez operatoria, análoga a la que permite distinguir en el signo lingüístico un significante y un significado, aunque de hecho nunca nadie pueda separar la de su sentido, salvo que se recurra al metalenguaje de una definición: si la distinción permite describir la estructura de la imagen de modo coherente y simple y si la descripción así orientada prepara una explicación del papel de la imagen en la sociedad, entonces la consideramos justificada. Es preciso pues, volver a examinar cada tipo de mensaje para explorarlo en su generalidad, sin perder de vista que tratamos de comprender la estructura de la imagen en su conjunto, es decir, la relación final de los tres mensajes entre sí. Sin embargo, ya que no se trata de un análisis sino de una descripción estructural [5], modificaremos ligeramente el orden de los mensajes, invirtiendo el mensaje cultural y el mensaje literal. De los dos mensajes icónicos, el primero está de algún modo impreso sobre el segundo: el mensaje literal aparece como el soporte del mensaje . Ahora bien, sabemos que un sistema que se hace cargo de los signos de otros sistemas para convertirlos en sus significantes, es un sistema de connotación. [6] Diremos pues de inmediato que la imagen literal es denotada, y la imagen simbólica connotada. De este modo, estudiaremos sucesivamente el mensaje lingüístico, la imagen denotada y la imagen connotada.



El mensaje lingüístico

¿Es constante el mensaje lingüístico? ¿Hay siempre un texto en una imagen o debajo o alrededor de ella? Para encontrar imágenes sin palabras, es necesario sin duda, remontarse a sociedades parcialmente analfabetas, es decir a una suerte de estado pictográfico de la imagen. De hecho, a partir de la aparición del libro, la relación entre el texto y la imagen es frecuente; esta relación parece haber sido poco estudiada desde el punto de vista estructural. ¿Cuál es la estructura significante de la? ¿Duplica la imagen ciertas informaciones del texto, por un fenómeno de redundancia, o bien es el texto el que agrega una información inédita? El problema podría plantearse históricamente con relación a la época clásica, que tuvo una verdadera pasión por los libros ilustrados (en el siglo XVIII no podía concebirse que las Fábulas de La Fontaine no tuviesen ilustraciones), y durante la cual algunos autores como el P. Ménestrier se plantearon el problema de las relaciones entre la figura y lo discursivo. [7] Actualmente, a nivel de las comunicaciones de masas, parece evidente que el mensaje lingüístico esté presente en todas las imágenes: como título, como leyenda, como artículo de prensa, como diálogo de película, como fumetto. Vemos entonces que no es muy apropiado hablar de una civilización de la imagen: somos todavía, y más que nunca, una civilización de la escritura [8], porque la escritura y la palabra son siempre términos completos de la estructura informacional. De hecho, sólo cuenta la presencia del mensaje lingüístico, pues ni su ubicación ni su longitud parecen pertinentes (un texto largo puede no contener más que un significado global, gracias a la connotación, y es este significado el que precisamente está relacionado con la imagen). ¿Cuáles son las funciones del mensaje lingüístico respecto del mensaje icónico (doble)? Aparentemente dos: de anclaje y de relevo (relais).

Como lo veremos de inmediato con mayor claridad, toda imagen es polisémica; implica, subyacente a sus significantes, una de significados, entre los cuales el lector puede elegir algunos e ignorar los otros. La polisemia da lugar a una interrogación sobre el sentido, que aparece siempre como una disfunción, aún cuando la sociedad recupere esta disfunción bajo forma de juego trágico (Dios mudo no permite elegir entre los signos) o poético (el -pánico- de los antiguos griegos). Aún en el cine, las imágenes traumáticas están ligadas a una incertidumbre (a una inquietud) acerca del sentido de los objetos o de las actitudes. Por tal motivo, en toda sociedad se desarrollan técnicas diversas destinadas a fijar la cadena flotante de los significados, de modo de combatir el terror de los signos inciertos: el mensaje lingüístico es una de esas técnicas. A nivel del mensaje literal, la palabra responde de manera, más o menos directa, más o menos parcial, a la pregunta: ¿qué es? Ayuda a identificar pura y simplemente los elementos de la escena y la escena misma: se trata de una descripción denotada de la imagen (descripción a menudo parcial), o, según la terminología de Hjelmslev, de una operación (opuesta a la connotación. [9] La función denominativa corresponde pues, a un anclaje de todos los sentidos posibles (denotados) del objeto, mediante el empleo de una nomenclatura. Ante un plato (publicidad Amieux) puedo vacilar en identificar las formas y los volúmenes; la leyenda () me ayuda a elegir el nivel de percepción adecuado; me permite acomodar no sólo mi mirada sino también mi intelección. A nivel del mensaje , el mensaje lingüístico guía no ya la identificación, sin la interpretación, constituye una suerte de tenaza que impide que los sentidos connotados proliferen hacia regionales demasiado individuales (es decir que limite el poder proyectivo de la imagen) o bien hacia valores disfóricos. Una propaganda (conservas d'Arcy) presenta algunas frutas diseminadas alrededor de una escalera; la leyenda ( ) aleja un significado posible (parsimonia, pobreza de la cosecha), porque sería desagradable, y orienta en cambio la lectura hacia un significado halagüeño (carácter natural y personal de las frutas del huerto privado). La leyenda actúa aquí como un contra-tabú, combate el mito poco grato de lo artificial, relacionado por lo común con las conservas. Es evidente, además, que en publicidad el anclaje puede ser ideológico, y esta es incluso, sin duda, su función principal: el texto guía al lector entre los significados de la imagen, le hace evitar algunos y recibir otros, y a través de un dispatching a menudo sutil, lo teleguía hacia un sentido elegido con antelación. En todos los casos de anclaje, el lenguaje tiene evidentemente una función de elucidación, pero esta elucidación es selectiva. Se trata de un metalenguaje aplicado no a la totalidad del mensaje icónico, sino tan sólo a algunos de sus signos. El signo es verdaderamente el derecho de control del creador (y por lo tanto de la sociedad) sobre la imagen: el anclaje es un control; frente al poder proyectivo de las figuras, tiene una responsabilidad sobre el empleo del mensaje. Con respecto a la libertad de los significados de la imagen, el texto tiene un valor regresivo [10], y se comprende que sea a ese nivel que se ubiquen principalmente la moral y la ideología de una sociedad.

El anclaje es la función más frecuente del mensaje lingüístico; aparece por lo general en la fotografía de prensa y en publicidad. La función de relevo es menos frecuente (por lo menos en lo referente a la imagen fija); se la encuentra principalmente en los dibujos humorísticos y en las historietas. Aquí la palabra (casi siempre un trozo de diálogo) y la imagen están en una relación complementaria. Las palabras, al igual que las imágenes, son entonces fragmentos de un sintagma más general, y la unidad del mensaje se cumple en un nivel superior: el de la historia, de la anécdota, de la diégesis (lo que confirma en efecto que la diégesis debe ser tratada como un sistema autónomo). [11] Poco frecuente en la imagen fija, esta palabra -relevo- se vuelve muy importante en el cine, donde el diálogo no tiene una simple función de elucidación, sino que, al disponer en la secuencia de mensajes, sentidos que no se encuentran en la imagen, hace avanzar la acción en forma efectiva. Las dos funciones del mensaje lingüístico pueden evidentemente coexistir en un mismo conjunto icónico, pero el predominio de una u otra no es por cierto indiferente a la economía general de la obra. Cuando la palabra tiene un valor diegético de relevo, la información es más costosa, puesto que requiere el aprendizaje de un código digital (la lengua); cuando tiene un valor sustitutivo (de anclaje, de control), la imagen es quien posee la carga informativa, y, como la imagen es analógica, la información es en cierta medida más. En algunas historietas, destinadas a una lectura, la diégesis está confiada principalmente a la palabra ya que la imagen recoge las informaciones atributivas, de orden paradigmático (el carácter estereotipado de los personajes). Se hacen coincidir entonces el mensaje costosos y el mensaje discursivo, de modo de evitar al lector impaciente el aburrimiento de las verbales, confiadas en este caso a la imagen, es decir a un sistema menos.



La imagen denotada

Hemos visto que en la imagen propiamente dicha, la distinción entre el mensaje literal y el mensaje simbólico era operatoria. No se encuentra nunca (al menos en publicidad) una imagen literal en estado puro. Aún cuando fuera posible configurar una imagen enteramente, esta se uniría de inmediato al signo de la ingenuidad y se completaría con un tercer mensaje, simbólico. Las características del mensaje literal no pueden ser entonces sustanciales, sino tan sólo relacionales. En primer lugar es, si se quiere, un mensaje privativo, constituido por lo que queda en la imagen cuando se borran (mentalmente) los signos de connotación (no sería posible suprimirlos realmente, pues pueden impregnar toda la imagen, como en el caso de la ); este estado privativo corresponde naturalmente a una plenitud de virtualidades : se trata de una ausencia de sentido llena de todos los sentidos; es también (y esto no contradice aquello) un mensaje suficiente, pues tiene por lo menos un sentido a nivel de la identificación de la escena representada; la letra de la imagen corresponde en suma al primer nivel de lo inteligible (más acá de este grado, el lector no percibiría más que líneas, formas y colores), pero esta inteligibilidad sigue siendo virtual en razón de su pobreza misma, pues cualquier persona proveniente de una sociedad real cuenta siempre con un saber superior al saber antropológico y percibe más que la letra; privativo y suficiente a la vez, se comprende que en una perspectiva estética el mensaje denotado pueda aparecer como una suerte de estado adánico de la imagen. Despojada utópicamente de sus connotaciones, la imagen se volvería radicalmente objetiva, es decir, en resumidas cuentas, inocente. Este carácter utópico de la denotación resulta considerablemente reforzado por la paradoja ya enunciada, que hace que la fotografía (en su estado literal), en razón de su naturaleza absolutamente analógica, constituya aparentemente un mensaje sin código. Sin embargo, es preciso especificar aquí el análisis estructural de la imagen, pues de todas las imágenes sólo la fotografía tiene el poder de transmitir la información (literal) sin formarla con la ayuda de signos discontinuos y reglas de transformación. Es necesario pues, oponer la fotografía, mensaje sin código, al dibujo, que, aún cuando sea un mensaje denotado, es un mensaje codificado. El carácter codificado del dibujo aparece en tres niveles: en primer lugar, reproducir mediante el dibujo un objeto o una escena, exige un conjunto de transposiciones reguladas; la copia pictórica no posee una naturaleza propia, y los códigos de transposición son históricos (sobre todo en lo referente a la perspectiva); en segundo lugar, la operación del dibujo (la codificación) exige de inmediato una cierta división entre lo significante y lo insignificante: el dibujo no reproduce todo, sino a menudo, muy pocas cosas, sin dejar por ello de ser un mensaje fuerte. La fotografía, por el contrario, puede elegir su tema, su marco y su ángulo, pero no puede intervenir en el interior del objeto (salvo en caso de trucos fotográficos). En otras palabras, la denotación del dibujo es menos pura que la denotación fotográfica, pues no hay nunca dibujo sin estilo. Finalmente, como en todos los códigos, el dibujo exige un aprendizaje (Saussure atribuía una gran importancia a este hecho semiológico). ¿La codificación del mensaje denotado tiene consecuencias sobre el mensaje connotado? Es evidente que al establecer una cierta discontinuidad en la imagen, la codificación de la letra prepara y facilita la connotación: la de un dibujo ya es una connotación; pero al mismo tiempo, en la medida en que el dibujo exhibe su codificación, la relación entre los dos mensajes resulta profundamente modificada; ya no se trata de la relación entre una naturaleza y una cultura (como en el caso de la fotografía), sino de la relación entre dos culturas: la del dibujo no es la de la fotografía.

En efecto, en la fotografía -al menos a nivel del mensaje literal-, la relación entre los significados y los significantes no es de sino de, y la falta de código refuerza evidentemente el mito de la fotográfica: la escena está ahí, captada mecánicamente, pero no humanamente (lo mecánico es en este caso garantía de objetividad); las intervenciones del hombre en la fotografía (encuadre, distancia, luz, flou, textura) pertenecen por entero al plano de la connotación. Es como si el punto de partida (incluso utópico) fuese una fotografía bruta (de frente y nítida), sobre la cual el hombre dispondría, gracias a ciertas técnicas, los signos provenientes del código cultural. Aparentemente, sólo la oposición del código cultural y del no-código natural pueden dar cuenta del carácter específico de la fotografía y permitir evaluar la revolución antropológica que ella representa en la historia del hombre, pues el tipo de conciencia que implica no tiene precedentes. La fotografía instala, en efecto, no ya una conciencia del estar-allí de la cosa (que cualquier copia podría provocar, sino una conciencia del haber estado allí. Se trata de una nueva categoría del espacio-tiempo: local inmediata y temporal anterior; en la fotografía se produce una conjunción ilógica entre el aquí y el antes. Es pues, a nivel de este mensaje denotado, o mensaje sin código, que se puede comprender plenamente la irrealidad real de la fotografía; su irrealidad es la del aquí, pues la fotografía no se vive nunca como ilusión, no es en absoluto una presencia; será entonces necesario hablar con menos entusiasmo del carácter mágico de la imagen fotográfica. Su realidad es la del haber-estado-allí, pues en toda fotografía existe la evidencia siempre sorprendente del: aquello sucedió así:: poseemos pues, milagro precioso, una realidad de la cual estamos a cubierto. Esta suerte de ponderación temporal (haber-estado-allí) disminuye probablemente el poder proyectivo de la imagen (muy pocos tests psicológicos recurren a la fotografía, muchos al dibujo): el aquello fue denota al soy yo. Si estas observaciones poseen algún grado de exactitud, habría que relacionar la fotografía con una pura conciencia espectatorial, y no con la conciencia ficcional, más proyectiva, más , de la cual, en términos generales, dependería el cine. De este modo, sería lícito ver entre el cine y la fotografía, no ya una simple diferencia de grado sino una oposición radical: el cine no sería fotografía animada; en él, el haber-estado-allí desaparecería en favor de un estar-allí de la cosa. Esto explicaría el hecho de que pueda existir una historia del cine, sin verdadera ruptura con las artes anteriores de la ficción, en tanto que, en cierta medida, la fotografía escaparía a la historia (pese a la evolución de las técnicas y a las ambiciones del arte fotográfico) y representaría un hecho antropológico , totalmente nuevo y definitivamente insuperable; por primera vez en su historia la humanidad estaría frente a mensajes sin código; la fotografía no sería pues, el último término (mejorado) de la gran familia de las imágenes, sino que correspondería a una mutación capital de las economías de información.

En la medida en que no implica ningún código (como en el caso de la fotografía publicitaria), la imagen denotada desempeña en la estructura general del mensaje icónico un papel particular que podemos empezar a definir (volveremos sobre este asunto cuando hayamos hablado del tercer mensaje): la imagen denotada naturaliza el mensaje simbólico, vuelve inocente el artificio semántico, muy denso (principalmente en publicidad), de la connotación. Si bien el afiche Panzani está lleno de símbolos, subsiste en la fotografía una suerte de estar-allí natural de los objetos, en la medida en que el mensaje literal es suficiente: la naturaleza parece producir espontáneamente la escena representada; la simple validez de los sistemas abiertamente semánticos es reemplazada subrepticiamente por una seudo verdad: la ausencia de código desintelectualiza el mensaje porque parece proporcionar un fundamento natural a los signos de la cultura. Esta es sin duda una paradoja histórica importante: cuanto más la técnica desarrolla la difusión de las informaciones (y principalmente de las imágenes), tanto mayor es el número de medios que brinda para enmascarar el sentido construido bajo la apariencia del sentido dado.



Retórica de la imagen.

Hemos visto que los signos del tercer mensaje (mensaje , cultural o connotado) eran discontinuos; aún cuando el significante parece extenderse a toda la imagen, no deja de ser un signo separado de los otros: la posee un significado estético; se asemeja en esto a la entonación que, aunque suprasegmental, es un significante aislado del lenguaje. Estamos pues, frente a un sistema norma, cuyos signos provienen de un código cultural (aún cuando la relación de los elementos del signo parezca ser más o menos analógica). Lo que constituye la originalidad del sistema, es que el número de lecturas de una misma lexia (de una misma imagen) varía según los individuos: en la publicidad Panzani, anteriormente analizada, hemos señalado cuatro signos de connotación: es probable que existan otros (la red puede significar, por ejemplo, la pesca milagrosa, la abundancia, etc.). Sin embargo, la variación de las lecturas no es anárquica, depende de los diferentes saberes contenidos en la imagen (saber práctico, nacional, cultural, estético), y estos saberes pueden clasificarse, constituir una tipología. Es como si la imagen fuese leída por varios hombres, y esos hombres pueden muy bien coexistir en un solo individuo: una misma lexia moviliza léxicos diferentes. ¿Qué es un léxico? Es una porción del plano simbólico (del lenguaje) que corresponde a un conjunto de prácticas y de técnicas [12]; este es, en efecto, el caso de las diferentes lecturas de la imagen: cada signo corresponde a un conjunto de : turismo, actividades domésticas, conocimiento del arte, algunas de las cuales pueden evidentemente faltar a nivel individual. En un mismo hombre hay una pluralidad y una coexistencia de léxicos: el número y la identidad de estos léxicos forman de algún modo el idiolecto de cada uno. [13] La imagen, en su connotación, estaría entonces constituida por una arquitectura de signos provenientes de léxicos (de idiolectos), ubicados en distintos niveles de profundidad. Si, como se piensa actualmente, la psique misma está articulada como un lenguaje, cada léxico, por que sea, está codificado. O mejor aún, cuanto más se en la profundidad psíquica de un individuo, tanto mayor es la rarificación de los signos y mayor también la posibilidad de clasificarlos: ¿hay acaso algo más sistemático que las lecturas del Rorschach? La variabilidad de las lecturas no puede entonces amenazar la de la imagen, si se admite que esta lengua está compuesta de idiolectos, léxicos o sub-códigos: así como el hombre se articula hasta el fondo de sí mismo en lenguajes distintos, del sentido atraviesa por entero la imagen. La lengua de la imagen no es sólo el conjunto de palabras emitidas (por ejemplo a nivel del que combina los signos o crea el mensaje), sino que es también el conjunto de palabras recibidas: [14] la lengua debe incluir las del sentido.

Otra dificultad relacionada con el análisis de la connotación, consiste en que a la particularidad de sus significados no corresponde un lenguaje analítico particular. ¿Cómo denominar los significados de connotación? Para uno de ellos, hemos adelantado el término de italianidad, pero los otros no pueden ser designados más que por vocablos provenientes del lenguaje corriente (preparación-culinaria, naturaleza-muerta, abundancia): el metalenguaje que debe hacerse cargo de ellos en el momento del análisis no es especial. Esto constituye una dificultad, pues estos significados tienen una naturaleza semántica particular; como sema de connotación, no recubre exactamente en el sentido denotado; el significante de connotación (en este caso la profusión y la condensación de los productos) es algo así como la cifra esencial de todas las abundancias posibles, o mejor dicho, de la idea más pura de la abundancia. Por el contrario, la palabra denotada no remite nunca a una esencia, pues está siempre encerrada en que un habla contingente, un sintagma continuo (el del discurso verbal), orientado hacia una cierta transitividad práctica del lenguaje. El sema , por el contrario, es un concepto en estado puro, separado de todo sintagma, privado de todo contexto; corresponde a una suerte de estado teatral del sentido, o, mejor dicho (puesto que se trata de un signo sin sintagma), a un sentido expuesto. Para expresar estos semas de connotación, sería preciso utilizar un metalenguaje particular. Hemos adelantado italianidad; son precisamente barbarismos de este tipo lo que con mayor exactitud podrían dar cuenta de los significados de connotación, pues el sufijo -tas (indoeuropeo -tà) servía para formar, a partir del adjetivo, un sustantivo abstracto: la italianidad no es Italia, es la esencia condensada de todo lo que puede ser italiano, de los spaghetti a la pintura. Si se aceptase regular artificialmente -y en caso necesario de modo bárbaro- la denominación de los semas de connotación, se facilitaría en análisis de su forma. [15] Estos semas se organizan evidentemente en campos asociativos, en articulaciones paradigmáticas, quizás incluso en oposiciones, según ciertos recorridos, o como dice A. J. Greimas, según ciertos ejes sémicos: [16] italianidad pertenece a un cierto eje de las nacionalidades, junto a la francesidad, la germanidad o la hispanidad. La reconstrucción de esos ejes -que por otra parte pueden más adelante oponerse entre sí- no será sin duda posible antes de haber realizado un inventario masivo de los sistemas de connotación, no sólo del de la imagen sino también de los de otras sustancias, pues si bien es cierto que la connotación posee significantes típicos según las sustancias utilizadas (imagen, palabras, objetos, comportamientos), pone todos sus significados en común: encontraremos siempre los mismos significados en el periodismo, la imagen o el gesto del actor (motivo por el cual la semiología no es concebible más que en un marco por así decirlo total). Este campo común de los significados de connotación, es el de la ideología, que no podría ser sino única para una sociedad y una historia dadas, cualesquiera sean los significantes de connotación a los cuales recurra.

A la ideología general corresponden, en efecto, significantes de connotación que se especifican según la sustancia elegida. Llamaremos connotadores a estos significantes, y retórica al conjunto de connotadores: la retórica aparece así como la parte significante de la ideología. Las retóricas varían fatalmente por su sustancia (en un caso el sonido articulado, en otro la imagen, el gesto, etc.), pero no necesariamente por su forma. Es incluso probable que exista una sola forma retórica, común por ejemplo al sueño, a la literatura y a la imagen. [17] De este modo la retórica de la imagen (es decir la clasificación de sus connotadores) es específica en la medida en que está sometida a las exigencias físicas de la visión (diferentes de las exigencias fonatorias, por ejemplo), pero general en la medida en que las no son más que relaciones formales de elementos. Si bien esta retórica no puede constituirse más que a partir de un inventario bastante vasto, puede, sin embargo, preverse desde ahora que encontraremos en ella algunas de las figuras ya señaladas por los antiguos y los clásicos. [18] De este modo el tomate significa la italianidad por metonimia; por otra parte, de la secuencia de tres escenas (café en grano, café en polvo, café saboreado) se desprende por simple yuxtaposición una cierta relación lógica comparable al asíndeton. En efecto, es probable que entre la metábolas (o figuras de sustitución de un significante por otro [19], la que proporcione a la imagen el mayor número de sus connotadores sea la metonimia; y entre las parataxis (o figuras del sintagma), la que domine sea el asíndeton.
Sin embargo, lo más importante -al menos por ahora- no es hacer el inventario de los connotadores, sino comprender que en la imagen total ellos constituyen rasgos discontinuos, o mejor dicho, erráticos. Los connotadores no llenan toda la lexia, su lectura no la agota. En otras palabras (y esto sería una proposición válida para la semiología en general), todos los elementos de la lexia no pueden ser transformados en connotadores, subsiste siempre en el discurso una cierta denotación, sin la cual el discurso no sería posible. Esto nos lleva nuevamente al mensaje 2, o imagen denotada. En la propaganda Panzani, las legumbres mediterráneas, el color, la composición, y hasta la profusión, surgen como bloques erráticos, al mismo tiempo aislados e insertados en una escena general que tiene su espacio propio y, como lo hemos visto, su : están en un sintagma que no es el suyo y que es el de la denotación. Es esta una proposición importante, pues nos permite fundamentar (retroactivamente) la distinción estructural entre el mensaje 2 ó del mensaje 3 ó simbólico, y precisar la función naturalizante de la denotación respecto de la connotación; sabemos ahora que lo que el sistema del mensaje connotado es el sintagma del mensaje denotado. En otros términos: la connotación no es más que sistema, no puede definirse más que en términos de paradigma; la denotación icónica no es más que sintagma, asocia elementos sin sistema; los connotadores discontinuos están relacionados, actualizados, a través del sintagma de la denotación.




Notas

(1) La descripción de la fotografía está hecha aquí con toda prudencia, pues ya constituye un metalenguaje.
(2) Llamaremos signo típico al signo de un sistema, en la medida en que está suficientemente definido por su sustancia: el signo verbal, el signo icónico, el signo gestual son otros tantos signos típicos.
(3) En francés, la expresión se refiere a la presencia original de objetos fúnebres, tales como un cráneo, en ciertos cuadros.
(4) Cf. , incluido en este volumen, p. 115.
(5) El análisis es una enumeración de elementos;la descripción estructural quiere captar la relación de estos elementos en virtud del principio de solidaridad de los términos de una estructura: si un término cambia, cambian también los otros.
(6) Elementos..., pág. 62 de este volumen.
(7) El arte de los emblemas, 1684.
(8) La imagen sin palabra se encuentra sin duda, pero a título paradójico, en algunos dibujos humorísticos; la ausencia de palabra recubre siempre una intención enigmática.
(9) Elementos..., IV, págs. 64-65 de este volumen.
(10) Esto se ve bien en el caso paradójico en que la imagen está construida, según el texto, y en el cual, por consiguiente, el control parecería inútil. Una propaganda que quiere dar a entender que en tal café el aroma es del producto en polvo, y que por consiguiente se lo encontrará intacto en el momento de comenzar a utilizar el producto, hace figurar por encima del texto un paquete de café rodeado de una cadena y un candado. en este caso la metáfora lingüística () está tomada al pie de la letra (procedimiento poético muy corriente); pero en realidad, lo que primero se lee es la imagen, y el texto que la ha formado se convierte en la simple selección de un significado entre otros: la represión aparece en el circuito bajo la forma de una trivialización del mensaje.
(11) Cf. más arriba el artículo de Claude Bremond.
(12) Cf.A. J. Greimas,
(13) Elementos..., pág. 22 de este volumen.
(14) Desde el punto de vista saussuariano el habla es sobre todo lo que se emite, tomándolo de la lengua (y que a su vez la constituye). Hoy en día, es necesario ampliar la noción de lengua, sobre todo desde el punto de vista semántico: la lengua es de los mensajes emitidos y recibidos.
(15) Forma, en el sentido preciso que le da Hielmslev (cf. Elementos..., p. 62), como organización funcional de los elementos entre sí.
(16) A. J. Greimas, Cours de Sèmantique, 1964, fascículos mimeografiados por el École Normale supérieure de Saint-Cloud.
(17) Cf. E. Benveniste: , en La Psychanalyse, 1, 1956, págs. 3-16.
(18) La retórica clásica deberá ser repensada en términos estructurales (tal el objetivo de un trabajo en preparación): entonces será tal vez posible establecer una retórica general o lingüística de los significantes de connotación, válida para el sonido articulado, la imagen, el gesto, etc.
(19) Preferiremos eludir aquí la oposición de Jakobson entre la metáfora y la metonimia, pues si por su origen la metonimia es una figura de la contigüidad, no por eso deja finalmente de funcionar como un sustituto del significante, es decir, como una metáfora.


Fuente: www.ddooss.org